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Zaquistán, ciudad de vacaciones

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Bienvenido a la República de Zaqistán

Zaq Lansberg es un joven trotamundos californiano que allá por 2005 encontró un anuncio en Ebay que no pudo dejar pasar. Se vendía un terreno de dos hectáreas por sólo 550 euros en El Gran Lago Salado en el norte de Utah (EEUU).  “Cuando descubrí que la tierra era tan barata pensé que no podía permitirme el lujo de no comprarlo. Decidí que debía poseer un pedazo del oeste americano antes de que todo se hubiera acabado”, cuenta Zaq.

Ahí fue cuando tuvo la gran idea de crear su propia República. La tierra era tan barata que ni comprobó si lo que estaba haciendo era legal o no, pero sabía que merecía la pena hacerlo.  Tampoco tenía mucho que perder… era una inversión mínima: “Comenzó como una excusa para hacer un viaje de carretera, como una pequeña aventura, pero eso se ha convertido en algo mucho más grande diez años después”.

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Hoy en día esos terrenos se han convertido en la República de Zaqistán, un lugar remoto de increíble soledad, “tan tranquilo que hasta puedes escuchar los latidos del corazón”. Situado en medio de la nada desértica, es probablemente uno de los lugares más oscuros, pero según Zaq “desde allí la vista de las estrellas y las puestas de sol son espectaculares”.

La construcción de una comunidad en Zaqistán ha sido debatida entre los altos cargos de la República, pero es una meta algo lejana. Está a 80 kilómetros de la gasolinera más cercana y más de 20 kilómetros son sólo caminos de tierra. El verano es brutalmente caluroso y frío por la noche.

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“De vez en cuando los vientos soplan con la fuerza de un vendaval, fuerza suficiente para voltear camiones en la autopista interestatal”. No hay carreteras, no hay agua y el suelo es duro como el cemento, aunque cuando llueve se convierte en barrizales intransitables. Aun así, es una zona con bastante vida. Hay muchos animales salvajes y peligrosos: liebres, ratones del desierto, escarabajos, lagartijas, serpientes de cascabel y coyotes.

Es posible acampar allí durante unos días, pero es una locura aspirar a quedarse por mucho tiempo. Aunque están “intentando encontrar formas de hacer Zaqistán un lugar más habitable”.

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Puerta de entrada. Desde 2010 sirve como control de pasaportes, aduanas e inmigración ZAQ LANDSBERG

Zaq no considera su pequeño país como una broma o un proyecto artístico sin más. “El objetivo es que sea un país real, y esto requerirá una población permanente y el reconocimiento internacional“, argumenta.

Poco a poco va consiguiendo sus metas, de hecho, Zaqistán tiene unaembajada en Argentina desde 2012, situada en el Nuevo Museo Energía de Arte Contemporáneo de Buenos Aires. Y a pesar de sus ‘terribles condiciones naturales’ que hacen imposible quedarse, se está haciendo muy popular. Tiene ya unos 500 ciudadanos de al menos 12 países distintos, y 250 personas que están en el proceso de tramitación para conseguir su pasaporte.

Los interesados lo tienen fácil, “los únicos requisitos son querer de verdad ser ciudadano zaquistaní y rellenar un formulario“. Además, hay bastantes tibetanos exiliados que son ciudadanos únicamente de Zaqistán. Nacieron en la India pero no tienen el derecho natural de ciudadanía; son refugiados que peregrinan con tarjetas de residencia hindúes, según cuenta Zaq, quien bien les conoce.

En 2006 hizo un programa de estudios tibetanos en Dharamsala (India), y al contarles a sus compañeros de piso hindúes lo que era Zaqistán, quisieron formar parte del pequeño Estado. En aquel momento, “Zaqistán era una broma reaccionaria a la administración de Bush”, sin embargo, la trágica verdad es que fue la única entidad que concedió a esas personas una ciudadanía. El proyecto comenzó a hacerse más fuerte después de ello y “me interesé más por los conceptos de fronteras y nación”, recuerda.

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A pesar de la aridez del desierto, Zaqistán es un país con un gran patrimonio cultural e incluso un Consejo de las Artes que financia a quienes aportan obras de arte. Zaq es artista de profesión y aunque confiesa que no tiene mucho dinero, añade que se va por ahí y construye monumentos, señalizaciones y astas para poner su bandera. “Estoy construyendo un país, y de momento, estoy haciendo los primeros edificios”, afirma Zaq con gran orgullo.

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Flores silvestres. Proyecto creado en 2010 y hecho con flores de plástico para adornar la aridez desértica ZAQ LANDSBERG

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El Decenal. Monumento erigido en septiembre de 2015 por zaqistanís para conmemorar los diez años de independencia. ZAQ LANDSBERG

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Arco de la Victoria. Fue construido en 2009 y representa una ‘victoria no específica’. ZAQ LANDSBERG

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Guardianes robots. Desde 2006 son los encargados de cuidar del país y expulsar a los intrusos cuando el dictador Zaq no está allí ZAQ LANDSBERG

Zaq Landsberg es todo un ejemplo a seguir. Nada le detiene para conseguir que su proyecto sea cada vez más grande. Y ante esa aspiración y la de otros muchos ciudadanos zaqistanís ya se ha iniciado una petición para que el gobierno de Obama reconozca la soberanía de la República de Zaqistán y abra relaciones diplomáticas.

Vía EL MUNDO

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