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Un beso húmedo en 200 palabras

beso

Hay besos que es mejor no darlos y aquel fue todo glándulas salivales. Adiós a la idea romántica de los besos perfectos con desconocidos. “Tu bigote me hace daño en la lengua” como frase del año. Y mira que yo a eso de escupir en un arrebato de pasión, pchea, ni que sí ni que no, pero siempre, para hidratarme, prefiero agua y no la saliva ajena. Puede que el ser con el que compartía milímetro cuadrado tuviera hambre, de esa que te ataca en medio de la borrachera más tonta, y por eso no dejara de salivar, pero ahora que Moisés está de moda, sólo podía rezar a Dios para que alguien separara los mares o que lanzara una maldición divina que que provocara sequía en su boca. Tsunami devastador que declaraba mi campanilla zona catastrófica. No hay sensación más terrible que notar como litros de saliva sabor Red Bull se secan en tu cara. De sus paletas convertidas en proyectiles…de eso prefiero no hablar. Al pedirme el número de teléfono —tendrá valor—, en vez de responder, yo intentaba mantenerme con vida ante tal atragantamiento. Se alejó siendo todo ofensa pero yo al menos había sobrevivido al desastre.