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Nostalgia en las aulas: películas para volver al cole

Que el cine moldea nuestro sistema de valores es algo indiscutible. Es en la adolescencia cuando muchos de estos valores se moldean y en la que  muchos de nosotros descubrimos las películas de culto, el cine clásico y los géneros olvidados por lo mainstream. A pesar de ello, las compañías cinematográficas se esforzaron entoncespara producir lo que creían que nos volvería locos: fiestas de instituto, rebeldía y chicas sueltas. Así que cada año, en los últimos 30, hemos tenido que comernos películas clon destrozadas por la crítica y por la opinión general de una generación que es mucho menos gilipollas de lo que parece. Muchas de esas películas realmente valen la pena de verlas, y algunas de ellas son auténticos bombazos. Con la excusa de la vuelta al cole, te ofrecemos nuestra selección de 7 películas que por el camino de la nostalgia, nos traen lo mejor que se puede esperar de las películas de instituto.

Scream

Las tripas colgando de la que había sido la niña de E.T.  fue una imagen que ha quedado para siempre en la retina de una generación que ha podido ver todo el cine que ha querido y siempre se ha quedado con ganas de más. En 1996, Wes Craven se cagó en un genero que él mismo había ayudado a consolidar y creó un film lleno de referencias y homenajes que cuajó como pocos en las mentes adolescentes posmodernas de finales del siglo pasado. Fue el primero de unos cuantos slasher totalmente innecesarios por que, al lado de Ghostface y sus preguntes telefónicas, los otros asesinos no pasaban de la pura mediocridad. Es esta la película de miedo de instituto por excelencia y, aunque al lado del terror japonés solo da risa, aún no ha llegado el día en que se le de otra vuelta de tuerca al género más puro de todo el cine comercial.

Ya no puedo esperar

Toda la acción de esta película se desarrollaba en una de esas famosísimas e imprescindibles fiestas en la casa de Stifler alguien, con vasos rojos, salones llenos a rebosar de gente y polvos fáciles. Scream inauguró un género haciendo un homenaje de otro, y Ya no puedo esperar intentó hacer lo mismo: un homenaje-parodia a las películas de instituto que, por su cutrez y poca gracia, fue una de las primeras de toda una plaga de comedias fáciles y de exitosa taquilla que han reventado los cines occidentales durante más de 15 años. El film llegaba a nosotros un año antes que American Pie, y lo mejor que puede aportar es una entrañable lista de actores que luego se han hecho archifamosos, exceptuando al protagonista. Jennifer Love-Hewitt, Seth Green, Selma Blair, Peter Facinelli, Jaime Pressly, Chris Owen, Cle DuVall e incluso un cameo de Jason  Segel muy digno de esos vídeos de Youtube que te sorprenden con lo que hacían las estrellas en su juventud. Si no la has visto, tendrás la sensación que todos los personajes han ido contigo al instituto. 

Battle Royale

Cada año, el gobierno envía a una clase de instituto elegida al azar para llevarla a una isla y someterla a un macabro juego de supervivencia. Esta genialidad de película dejaba de relieve dos de las características más atractivas del cine japonés contemporáneo (y obviamente, también del manga): la peculiar visión sobre la muerte que tienen en el país del sol naciente, muy digna de estudio, y la capacidad que tienen sus guionistas para crear historias que, de forma brillante, parecen carecer de sentido narrativo alguno. Hay muchas cosas que no se entienden en las acciones y los motivos de los personajes, y precisamente ahí está la gracia. No importa por qué matar o por qué torturar a unos adolescentes con un entramado de juegos psicológicos: lo que importa es que, en la sociedad real, la gente mata por que sí y estamos todos como una cabra. Y Battle Royale, como magistral reflejo de ello, utiliza las relaciones familiares que se establecen entre los alumnos de una misma clase para hacernos ver que, entre locura y muerte, todos estamos hechos de la misma maldad.

Friday Night Lights

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Existe todo un sub-género en las películas de institutos que se dedica a los deportes. A pesar de que se han hecho muchos intentos recientemente para hacer perder a los espectadores las ganas de ver cine nunca más, lo cierto es que hay algunos films de este tipo muy a tener en cuenta. Firday Night Lights es quizá el mejor de ellos, y es la mejor prueba de que se puede mezclar adolescentes y fútbol para llegar a reflexionar seriamente sobre la sociedad americana y toda su mierda. Lejos del dramatismo Disney de Titanes: hicieron historia, y sin ser una americanada vacía de alma, la peli planteaba muchos temas diversos usando las historias personales de cada uno de los chicos, y estaba dirigida magistralmente por Peter Berg, quien usó toda una batería de planos movidos y estructuras narrativas complejas para llegar a hacer lo que parecía imposible: por una vez, nos identificamos con esos chavales sometidos a la presión de todo un pueblo obsesionado con el fútbol, y todo no era más que una gran metáfora sobre las obsesiones americanas. La peli fue tan buena que Berg la convirtió en la única serie deportiva y de institutos digna de ser vista en el boom televisivo que estamos viviendo de un tiempo a esta parte.

Movida del 76

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Cuando aún no había llegado toda la cutrez al cine sobre institutos, los buenos directores y los buenos actores se metían en este género que parecía divertido y hacían pequeñas joyas como esta, que posiblemente muchos recordarán con la nostalgia positiva que luego se perdió. Lo mejor de estas historias no son ni las narraciones, ni la profundidad emocional de los personajes ni la crítica social, si no más bien ver el buen trato con que hace todo Richard Linklater y el poder observar como eran de jóvenes actorazos como McConaughey (este artículo está redactado en 2014), Renée Zellwegger o Ben Affleck.

Carrie

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La mejor película jamás rodada en un instituto es, de hecho, una adaptación del escritor para cine por antonomasia. El bueno de Stephen King ideó una historia perfecta que Brian de Palma, cuando aún hacía cine, convirtió en uno de esos clásicos que, si por casualidad no has visto aún, estás perdiendo el tiempo. Unos jóvenes gastan bromas pesadas a una chica con poderes teleinéticos que no se lo iba a tomar nada bien.

Crueles Intenciones

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Si los japoneses están obsesionados con la muerte, los norteamericanos tienen dos problemas muy gordos: el sexo y el poder. Este clásico contemporáneo unía las dos piedras angulares de cualquier buen thriller de los 90 con la inquietante imagen de unos adolescentes que, de inocencia pueril tenían más bien poco. Sarah Michelle Gellar nunca ha estado más buena jugando perversamente con su hermanastro en un instituto para pijos que ponía sobre la mesa uno de los tabús que más les gusta romper a los directores yankees: los ricos, que lo tienen todo, no tienen tiempo para criar a unos hijos que parece que han venido al mundo a sacar la peor mezquindad y avaricia que la sociedad es capaz de enseñarles. Al igual que Ya no puedo esperar, tuvo el gran honor de ser una de las principales parodiadas en No es otra estúpida película americana.

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