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En el Ojeando 2015

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Entra el verano y con él una sucesión interminable de festivales repartidos a lo largo de toda la geografía española. Durante la primera semana de julio, todos los habitantes del pequeño pueblo de Ojén se volcaron en una de las citas musicales más importantes del sur: Ojeando. Y tal vez ese sea su mayor valor: el alejamiento de toda masificación y el mimo con el que todo se hace en el pueblo malagueño. Casi que podríamos hablar de una suerte de festival casero. Calles blancas andaluzas, bares de pueblo, un aforo de unas 2000 personas y un cartel seleccionado con buen gusto hacen de Ojeando uno de los festivales con más encanto.

El viernes daba comienzo una edición en la que no hubo sold-out como en las tres anteriores ediciones, aunque sí un buen número de asistentes entre los que imperó el buen rollo en todo momento. El festival comenzaba con las actuación del joven grupo malagueño The Loud Residents en el escenario Patio, al mismo tiempo que en el escenario Plaza se presentaban Dolorosa, banda formada por conocidos de la escena granadina como Raúl Bernal o Antonio Lomas. Poco después Guadalupe Plata tomaba el control del escenario Patio, con un set potente pero breve. Las limitaciones de tiempo hicieron que más de uno quedará con ganas de más. The New Raemon protagonizó el momento más íntimo de la noche. Armado con una sonrisa, subía al escenario situado en el patio del colegio de la localidad (una de las tantas peculiaridades del festival) y arrancaba un concierto en el que rescató canciones antiguas (Fuera complejos, Sucedáneos…) a la par que aprovechó para presentar temas de su trabajo más reciente, como Oh Rompehielos o Reina del Amazonas.

A continuación llegó uno de los dos platos fuertes de la noche: Ángel Stanich. El cantautor “lisérgico” (cómo él mismo se define) de moda encandiló a la muchedumbre en uno de los conciertos más numerosos del festival. El santanderino, que actuaba por primera vez en Ojeando protagonizó algunos de los momentos cumbre con temas como Miss Trueno 89, la más pausada Carbura o la apocalíptica Metralleta Joe que utilizó para despedirse. Era el turno de Niños Mutantes, el otro plato fuerte de la noche. La actuación de los granadinos estuvo repleta de grandes éxitos coreables, como No puedo más contigo o Errante, o Caerán los bancos que venía tras una muestra de apoyo a los griegos. Sin embargo, la constante sensación de que habían subido al escenario con el piloto automático provocó que no brillaran tanto como acostumbran. La última actuación de la noche, la de Perro, fue la más movida de la jornada. Los temas de “Tiene bacalao, tiene melodía” se crecen en directo y justifican el auge de la banda murciana. Para cerrar el escenario Patio Dj Carlito Brigante, que con una sesión de lo más ecléctica (desde sonidos soul a Los Planetas), consiguió que nadie de los que se resistían a acostarse pudiera permanecer con los pies quietos.

Tras unas horas de descanso y algún que otro chapuzón en la piscina municipal (de acceso gratuito con la pulsera del festival) la segunda jornada daba comienzo en el escenario Patio con los malagueños Stone Pillow. Con poco público aún, la banda presentó temas de su próximo trabajo, Sois la esperanza. Con Airbag llegaba otro de los conciertos más movidos del festival. El punk-pop de playa, olas, verano y chicas que lleva haciendo el trío malagueño desde finales de los 90 congregó a una multitud de seguidores en las primeras filas. Con un set que intercalaba cortes de su último trabajo, Gotham te necesita, con grandes clásicos de la banda como Big Acuarium, Comics y posters o Ahí viene la decepción, los malagueños fueron unos de los grandes triunfadores de una noche que acababa de empezar. Para continuar, nada más y nada menos que un clásico: Sr. Chinarro. La motivación del cartel era la vuelta a lo básico, y no hay mejor ejemplo que la banda tras la que se parapeta Antonio Luque. Venerado por unos y odiado por otros, lo que es indiscutible es que se trata de uno de los padres de la escena independiente en el país. Abrir el concierto con El cabo de Trafalgar ya era toda una declaración de intenciones, pues no se dedicó a presentar su último trabajo, del que solo interpretó dos cortes, sino que rescató temas más antiguos. De esta manera, sonaron temas como Los amores reñidos, Dos besugos o Ángela. Con Del montón o Una llamada a la acción tiraba de hits para recordar que estábamos en un festival y con Los Ángeles daba paso a la actuación más esperada para muchos.

Xoel López congregó al mayor número de asistentes en el escenario Patio, y con seis músicos sobre el escenario y un telón con su nombre grabado, abría su concierto con Patagonia, el primer corte de su álbum publicado recientemente, Paramales. Aunque defendió con creces sus nuevas composiciones, los momentos de máxima euforia llegaron con el rescate de Que no e Historia universal (el amor no es lo que piensas). La mayor sorpresa del festival vino de la mano de Belako¸ pues todos los que presenciaron la actuación del grupo vasco afirmaban que habían sido la revelación de Ojeando 2015. Como última actuación un clásico ya de los carteles de festivales: El Columpio Asesino. Y merecidamente. Como una apisonadora descargaron sus temas frente a una multitud que a pesar del cansancio, se resistía para ver a la banda de Pamplona. Y es que Toro es ya todo un himno de la música independiente en español. Como colofón al festival, la sesión de We Are Not Djs fue la encargada de cerrar Ojeando 2015.

El pueblo andaluz ahora ha vuelto a la normalidad y descansa tras la invasión de indies. Nosotros ya pensamos en Ojeando 2016.

Texto: Juan Carlos Salar