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El cajón de la mesita de noche (uñas, dientes y sangre)

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Existe un lugar personal, privado. Una extensión de nuestro propio cuerpo, que cada uno debería defender con uñas, dientes y, si es necesario, con sangre: el cajón de la mesita de noche. Sí, el lugar de condones y pañuelos post-pajas y dildos y lubricantes y revistas porno y suciedades varias que sólo compartes cuando metes a alguien en tu cama. Sagrado y oscuro. Eso, si no sucede que la persona en concreto decide dormitar allí para siempre. “Ea, somos pareja”. Pues a mi me ha pasado esto. Mi cajón ha sido prostituido y ocupado por un sinfín de fármacos-veneno y gasas y alcoholes y pastillas de colores. Porque sí, mi novia es farmacéutica. Específicamente: farmacobsesiva, de las de “esto debe estar lleno de bacterias que no ves no hueles no notas no te afectan un carajo, pero uf… que lleno está”. Pues muy bien. Lleno como MI cajón de la mesita de noche. Un cajón donde Ella ha decidido incluir mis pastillas anticonceptivas. Esas de color rosa pastel para gente como yo. Gente más bien gorda, más bien velluda, con granos más bien de adolescente y con una menstruación que anuncia un continuo “cerrado por vacaciones”. Estos somos los SOP, los que tenemos Síndrome de Ovarios Poliquísticos.

Para los que como yo, somos más bien de letras, se puede traducir así: el SOP tiene relación con a) las hormonas LH y FSH, y con b) la insulinoresistencia. Nos ponemos científicos, pero sólo un poco. Las hormonas FSH y LH son producidas por la glándula pituitaria y por el hipotálamo y se encargan de coordinar la función de los ovarios. ¿Por qué? Porque influyen directamente sobre la producción de estrógenos y progesterona. La FSH se llama Hormona Folículo Estimulante y se encarga de la maduración de los folículos (eso que, a su vez, contiene un óvulo y lo expulsa para que tengamos la señora regla). Si éste no funciona bien, mal vamos. Lo mismo pasa con la hormona LH, la Hormona Luteinizante. Ésta se encarga de regular el ciclo menstrual. Al final de la fase folicular, cuando el folículo estimulado por la hormona FSH ya está grandecito, la hipófisis eleva su secreción de hormona luteinizante dando lugar al llamado pico de LH, provocando así la ovulación. En resumen, si tus niveles de FSH y LH no son los adecuados, tu menstruación va a empezar a hacer el loco. Y cada uno de los folículos que deberían madurar y estallar para hacerte mujer se quedan allí encallados convirtiéndose en quistes. Pero esto no es todo. Como decíamos antes, también tiene relación con b) la insulinoresistencia. El páncreas segrega insulina de forma excesiva y el organismo se resiste a este exceso con una producción de andrógenos. Y así es como aparecen las monstruas con vellos y granos y fealdades varias como yo.

Hasta aquí la verborrea científica. ¿Pues sabéis cuál fue la solución que me dieron tres ginecólogos y una novia farmacobsesiva a mi problema?: “tómate las pastillas anticonceptivas”. A lo que yo respondí: “¿Sabéis, gente, que soy bollera y no creo que me vaya a quedar preñada?” Y nada: “tómate las pastillas que te ayudarán a regular tu menstruación”. Así que yo me las tomé. Resultado: pechotes, vientre más plano, caderas, menos vello, menos granos y con una regla métrica al 100%. Aluciné. Era una Barbie, un eslogan andante para el público del tipo: “femínizate biomujer, tómate pastillas de colores y sal a la calle!”. Me estaba tomando micro-política vía oral. Pues lo siento, mi amor, pero este discurso me da asco. Y lo vomito.

Me da asco pensar que Gregory Pincus y los laboratorios Searle inventaron esta píldora casi por error, mientras investigaban cómo ayudar a procrear a familias blancas católicas. Me da asco conocer que ésta se probó primero en Puerto Rico, entre las mujeres de la población negra local; con grupos de pacientes psiquiátricos de Worcester State Hospital y también con reclusos de la prisión del Estado de Oregón. Me da asco saber que aunque fuera eficaz, la píldora fue rechazada por el Instituto Americano de la Salud (AHI) porque suprimía totalmente las reglas y ponía en cuestión la feminidad de las mujeres americanas. Me da asco confirmar que me venden estas pastillitas como solución al SOP cuando en realidad su funcionamiento es el de interrumpir el ciclo hormonal natural y después provocar técnicamente un ciclo artificial. ARTIFICIAL. ¿Os acordáis de la FSH y la LH? Pues el mecanismo de acción de las pastillas es suprimir la liberación de estas hormonas para inhibir el desarrollo folicular. No hay ovulación. Lo único que tenemos es una regla artificial para que nos sintamos todas mujeres mientras nuestros ovarios se van atrofiando por no trabajar. Eso, por supuesto, sin entrar en todos los efectos secundarios de mierda que pueden tener: aumentar el riesgo de cáncer cervical y de hígado, aumentar el colesterol, provocar trombosis, depresión, hipertensión y ei, ojo al dato, reducir la libido.

Vuelvo pues, al asunto de todo esto: mi cajón. ¿Sabes, amor? No creo que los laboratorios farmacéuticos empiecen a fabricar testosterona o viagra para mujeres, no vayamos a ser demasiado trempades –como se dice en catalán— o vayamos demasiado cachondas por la vida. Así que, públicamente te digo que: o sacas tus pastis del amor anticonceptivas de mi cajón de los dildos o vas a acabar con una plastic-girl frígida al lado. Y quizás no tenga la regla, pero te aseguro que esto podría acabar con sangre muy fácilmente. Sangre de verdad.

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