Author: Nacho Simal

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Ya no sé salir de fiesta

Desde mis primeras borracheras he convivido con dos terrores igual de escalofriantes: el primero, convertirme en una de esas sexagenarias que los domingos por la tarde se van ‘al baile’; y segundo, convertirme en una de esas personas que aprovechan los sábados por la noche para irse a dormir más pronto todavía (y así aprovechar el domingo!). Quizá sea porque yo comencé a salir de fiesta muy tarde y sentí que debía recuperar el tiempo perdido, acabando por los suelos de la ciudad con ese regustillo amargo en la boca, predecesor del vómito, haciendo de los domingos ese día desaparecido por pasártelo durmiendo, bebiendo coca-cola y fumando como un carretero entre cabezadita y cabezadita. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, he visto como mis noches de despiporre han ido perdiendo brillo y diversión: cada vez me voy más pronto a casa, cada vez bebo menos, cada vez me cuesta más entender a la gente que vive por y para la tarima. Y me avergüenza reconocerlo, porque la tarima, para mí, siempre ha sido un …

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Películas para recuperar mi infancia (fui un niño raro)

Ahora que estoy a punto de cambiar de década, me he obsesionado con volver a visitar aquel niño que algún día fui y que ya no volveré a ser jamás. Me he puesto a releer las Crónicas de Narnia y mis títulos favoritos de Stephen King. He vuelto a escuchar a Alanis Morissette y a Jewel.  Además, he hecho una lista con todas aquellas películas que no podía dejar de ver durante mis primeros diez años de vida. El resultado ha sido escalofriante y prueba, sobre todo, que fui un niño raro de cojones. Dentro del laberinto Creo que sigo enamorado de Jennifer Conelly, aunque no puedo estar seguro. Estuve obsesionado durante esta película más años de los que me gusta admitir, pero no me sonrojo al decir que creo que esta es una de las mejores películas de aventuras jamás hecha. Además, sé decir de corrido el speech que salva la vida a la jovencísima Sarah de las garras de David Bowie. La muerte os sienta tan bien En algún vertedero de este país …

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Defensa del pelo púbico

Bienvenidos a la república independiente de mi entrepierna. Felpudo de pelo corto, casi a ras del suelo. Enmarcando de manera elegante las joyas de la corona. Y si, por enésima vez, traigo a colación mi entrepierna no es por una confianza casi exagerada en ella, ni pizca de orgullo exhibicionista a la hora de teclear compulsivamente estas palabras. Nada de eso. Lo único que empuja a hablaros de ella es la necesidad de discutir el vello púbico.  No el mío, ni el tuyo, ni el de la persona que tienes sentada al lado en el metro mientras me lees. Hablo de el pelo púbico. Punto. Existen, al menos, tres tipos de felpudo: Felpudo maldito: aquel que no ha conocido tijera ni cuchilla, exageradamente poblado, preparado para que, en tus ratos libres, lo decores con trenzas, florecillas del campo y otros complementos a tu elección. Felpudo podado: aquel que sabe que en el equilibrio esta el éxtio, que te hace cosquillas en los dedos cuanto intentas jugar con él pero que no va a conllevar muerte …

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Un beso húmedo en 200 palabras

Hay besos que es mejor no darlos y aquel fue todo glándulas salivales. Adiós a la idea romántica de los besos perfectos con desconocidos. “Tu bigote me hace daño en la lengua” como frase del año. Y mira que yo a eso de escupir en un arrebato de pasión, pchea, ni que sí ni que no, pero siempre, para hidratarme, prefiero agua y no la saliva ajena. Puede que el ser con el que compartía milímetro cuadrado tuviera hambre, de esa que te ataca en medio de la borrachera más tonta, y por eso no dejara de salivar, pero ahora que Moisés está de moda, sólo podía rezar a Dios para que alguien separara los mares o que lanzara una maldición divina que que provocara sequía en su boca. Tsunami devastador que declaraba mi campanilla zona catastrófica. No hay sensación más terrible que notar como litros de saliva sabor Red Bull se secan en tu cara. De sus paletas convertidas en proyectiles…de eso prefiero no hablar. Al pedirme el número de teléfono —tendrá valor—, en …

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Instrucciones para darse a la fuga una noche de fiesta

Son muchas las razones y situaciones que pueden llevar a alguien a querer darse a la fuga y muchos los métodos para llevarla a cabo con éxito. Uno puede decidir, a lo Julia Roberts, echarse simplemente a correr, aún ante el riesgo de que los presentes decidan a su vez correr también detrás de uno. Se puede optar, en el caso de tener una mente inquieta y ser amante de los retos, emular a Tim Robins en Cadena Perpetua y urdir un plan de lo más enrevesado, altamente recomendado si la situación a la que uno está expuesto es de alto riesgo y además se tiene el tiempo suficiente para detenerse a pensar en los detalles. Discretamente o a bocajarro, opciones hay de todos los colores. Imagínese la siguiente situación en la que que, habiendo abusado del gin y cansado del 90’s greatest hits al que el dj de turno te está sometiendo en lo que prometía ser una noche party-hard-dónde-está-el-after, uno está en el legítimo derecho de decidir poner fin a semejante fiasco y …

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Yo no tengo un sextape (pero si lo tuviera lo compartiría con todo el mundo)

  Dos cosas: Yo no tengo un sextape. Si lo tuviera lo compartiría con todo el mundo. Eso sí, en todas y cada una de las sesiones de sexting que  he tenido hasta la fecha, he engrosado la nube con ese tipo de fotos en los que cualquier prenda de ropa es excesiva, primerísimo primer plano de mi entrepierna. Guardo una pequeñísima esperanza: quizá algún día acabe por encontrar esas fotos en un tumblr cualquiera porque algún hacker las ha filtrado, por error, junto con otras imágenes mucho más apetecibles y más hot que lo que yo escondo bajo los pantalones. Yo ya he hecho mi parte, ya he contribuido al calentamiento global. Por eso no siento ni un ápice de culpa cada vez que pregunto a Google si alguien se ha decidido ya a comprar el sextape de Usher, que lleva corriendo por el mercado negro ni se sabe cuánto tiempo. Yo no tengo un sextape, pero consumo casi cualquier tipo de porno amateur. ¿Soy un intruso en la vida privada ajena? ¿Merezco todo …

culos

¿Qué está pasando con los culos?

Podría aprovechar la ocasión para hablar de mi propio culo. Como, desde que tengo uso de razón, ha sido el símbolo de alarma ante los cambios de mi metabolismo. Porque sí, mi metabolismo tiene vida propia y, según su humor, decide perder o acumular kilos sin que yo cambie un ápice mis hábitos alimenticios. Mi culo es el primero que cambia, seguido de cerca por la papada, el pecho hasta que, finalmente, aparece la temida barriga. Debo estar atento a los cambios de mis dos maravillosas nalgas para adelantarme a esos cambios metabólicos que mi digestóloga achacó a mi manera de enfrentarme a la vida, y empezar a comer más o menos según se tercie. Y es que conocer tu culo es el nuevo must: da igual si es grande, pequeño, discreto, petulante, celulítico, firme, fofo, estrecho, peludo o lampiño. Los culos están de moda y lo están en todas sus variantes. Uno puede decidir, a lo Nicki Minaj, convertir sus posaderas en arma política y generar todo un discurso pro-fat-ass sin complejos. O, como …

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Starbucks, drags y ébola

Hoy hemos ido a desayunar a Starbucks. Nos ha atendido el chico filipino de siempre: ese que no sonríe, ni dice hola, pero que sí te pregunta el nombre en un acto de fingida calidez. Le hemos pedido un latte con un shot extra de ébola. Nos ha mirado sin entender. Después, cuando nos ha sugerido que probáramos la nueva bebida de calabaza, hemos querido saber dónde estaban las drag-queens. Nos ha mirado peor. Porque siempre Starbucks por partida doble: latte con muffin de vainilla; americano con sandwich de pollo; frapuccino con pancakes cubiertos de sirope de caramelo; make-up imposible y ébola. Siempre consumidos de dos en dos, porque Starbucks, amén de ser el sitio dónde últimamente desayuno casi todos los días, ha sido noticia dos veces durante los últimos días. No es desconocida la inclinación de la cadena de cafeterías por defender las causas del movimiento LGTB en los Estados Unidos. No se achicaron, por ejemplo, al levantar una bandera arco iris para apoyar el matrimonio formado por personas del mismo sexo. Haciéndose eco …

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La espada de los cincuenta años

Este año no. Nada de maquillajes atroces, ni faldas demasiado cortas. Nada de disfraces prefabricados. Nada de engrosar el número de zombis por metro cuadrado. Ni si quiera el de gatitas sexis. Ni truco ni trato. Este año he cambiado los cuchillos de plástico y las cicatrices falsas por comillas ribeteadas de color en este otoño al que le cuesta aparecer. Durante la última noche de Halloween, decidí quedarme en casa, echar el pestillo y desconectar el teléfono. No espero visitas, sólo las manos de Mark Z. Danielewski arañándome debajo de la ropa. Durante demasiado tiempo, la única manera de disfrutar de La espada de los cincuenta años era, o bien conseguir una de las carísimas ediciones limitadas que pululaban por internet, o bien escaparte, precisamente durante la noche de Halloween, a una de las representaciones teatrales en las que Danielewski transformó su novella en un espectáculo de sombras. Por eso, cuando Alpha Decay y Pálido Fuego se encargaron de la edición en castellano de la última novela del autor experimental, me hice con un …

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Esto debería ser un artículo sobre brujería pero no lo es

[Estos extractos pertenecen al diario personal del autor. Se han sustituido las fechas concretas por DÍA 1 al DÍA 7, además de suprimir nombres, para garantizar su privacidad. La que pueda quedarle después de publicar su diario personal] DÍA 1 Tengo que escribir un artículo y he pensado que quizá puedo, de una vez por todas, atreverme con los conjuros, hacerme pasar por una bruja. Quiero comprobar si, del mismo modo en que Skeet Ulrich acosó a Robin Tunney en Jóvenes y Brujas, puedo conseguir que XXXX XXXX me haga caso sin preocuparme por que venga a intentar violarme. Un océano me separa de él. […] Lo he hecho. Después de buscar en google y de encontrar miles de conjuros, me he decidido por uno que promete efectividad inmediata y la inmediatez siempre es un plus, tanto en los conjuros y hechizos como en las cremas cosméticas y champús anti-caspa. Sólo he necesitado papel reciclado y un bolígrafo. Me ha llevado algún tiempo escoger los mejores versos para agradecer a la Diosa su futura atención—además …

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La importancia de echar un mal polvo

  Aquí no, esa pierna. Quiero arrancártela. Y el brazo, tu codo, que se me clava en el hueco de mi clavícula. La lengua de trapo, áspera, cartón piedra. No hay ritmo ni armonía en tus rodillas. Tu cadera es de papilla. Tu piel que no responde a mis dedos. Ni si quiera voy a perder el tiempo en arañarte. Somos criatura única, sí, pero surgida del peor de los errores. Tú existencia, hasta ahora, ha sido así: lamentándote sobre una caña, copa de vino o licor fuerte después de dar con alguien que no dominaba del todo bien las artes amatorias —ergo folla fatal. Es casi un instinto evitar a toda costa el mal sexo, ese que no te deja del todo satisfecho, insípido, aburrido, sin nada que destacar, como una escena porno dirigida por Luis Garci. Pero ahora que vuelves a tener la grupa hinchada de tanto calor y que tu carne hambrienta necesita ser alimentada —ya después de sobrevivir al fin de semana de tan mala manera para acabar en un lunes …

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Querido Nick Jonas

Querido Nick Jonas, Cómo pasa el tiempo, ¿verdad? Parece que fue ayer cuando, en compañía de tus hermanos, te apuntabas al Camp Rock de Disney Channel y dejabas a tu hermano Joe ser el protagonista. Parece que fue ayer cuando Joe iba a ser llamado el sex-symbol de los tres pero, de improviso, las fans comenzaron a fijarse más en ti y en tus ricitos y en tu cara de niño bueno… Y ahora, ¡estás en la portada de Flaunt casi en pelotas! Disney Channel siempre ha sabido escoger bien a sus nuevas estrellas: las quiere dulces y virginales, las quiere cristianas, creyentes fervientes en el amor más puro. Desde hace años, Disney es esa fábrica de sujetos morales que deberán devenir ejemplo para los más pequeños y a la par, de tan blanco pureza, hacer las delicias de las mentes más oscuras. Yo soy una de ellas y tú, querido Nick, siempre fuiste mi favorito. Por supuesto, una pequeña risita, casi inaudible, cuando decidiste hacerte con un anillo de castidad, promesa de virginidad intocable …

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Apuntes sobre Cereal Magazine (o sobre la cita que nunca tuve)

En una ocasión intenté ligar con uno de los colaboradores eventuales de Cereal Magazine. Desplegué todo mi encanto, mis mejores sonrisas, mis bromas más inteligentes y mis mejores fotografías —intentando descubrir cuál es mi lado bueno. De nada sirvió. Tras unos minutos en el que el interés parecía mutuo, mis ilusiones acabaron contra el suelo y me quedé sin cita.  Pero gracias a eso descubrí Cereal, que, más que un magazine sobre viajes, es un modo de ver y descubrir las ciudades. Repasé todo su Journal, como en un intento de recrear la posible cita que jamás tuve. Me encontré con una estética cuidada y elegante. Pensé que quizás, la próxima vez que cogiera un avión, debería llevarme todos los números de Cereal en la maleta. Además de las calabazas, quiero decir. A lo mejor ese eventual colaborador es consciente de que tanta calabaza —porque mis intentos de llevarle a cenar fueron varios— acabaría con sobrepeso en mi maleta. Así que recibo con los brazos abiertos Guided by Cereal, un nuevo concepto de guías de …

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Advanced Style: Y las arrugas serán un extra

Lo conseguiré. Conseguiré un estilo atemporal, que perdurará por los siglos de los siglos, que me acompañará hasta el día de mi muerte, en el que las arrugas tan solo serán un extra. Las jovenzuelas y jovenzuelos me señalarán en un vagón de metro cualquiera y me dirán De mayor quiero ser como tú. Porque mi estilo, ese estilo que algún día conseguiré, será digno de chica de portada, referente indiscutible. Y seré yo, con mis trapitos, mis arrugas y mis canas, quien será conocido por su impecable capacidad de combinar colores. Me convertiré en musa de Bernhard Willhelm, porque el diseñador entenderá que su incursión en ese cuerpo llamado de tercera edad no puede ser puntual. Que su SS14 deberá dilatarse, tiempo y espacio mediante, y convertirse en la regla, más que en la excepción. Las arrugas. Todas las arrugas enfundadas en alta costura, en estampados imposibles. Porque mi cuerpo envejecido, todos los cuerpos, serán dignos, de una vez y para siempre, de hacerse con las pasarelas, quizás a paso lento, pero firme, muy …

B-SIDES: Los prepucios de María Antonieta

  Todas las historias merecen su cara-b. Una vuelta de tuerca, una salida de tono, una inclinación diferente. Quizá como la cara oculta de la luna que nunca vemos pero que, ay, cómo nos invita a imaginar. Entonces ahí resuelta la pirueta de los que jugamos con la plasticidad de lo real: un hilo por aquí, un hilo por allí, y el b-side hecho tapiz. Porque la realidad, como cualquier otro elemento maleable, no produce sino un relato, una narración que, se quiera o no se quiera, perfectamente puede acabar levantada sobre aquello que nosotros llamamos ficción. Craso error enfrentar cual antónimos antagonistas tales conceptos como realidad y ficción pues entre ellos existe una relación de mutualismo como si de organismos vivos se tratase —y, ¿es que acaso no lo son?–, ni permanente, ni obligatoria, pero de la que ambos salen beneficiados. Pero siempre el tropiezo con la mayúscula de turno, como ordenando respeto, en un mírame y no me toques, erguida con orgullo. Lo Real, la Verdad, la Historia. Nada más aburrido que enfrentarse …

‘Porn&Pains’ como animal de compañía

Uno no se da cuenta de todo el porno que ve hasta que navega por su propio historial de Internet. Gracias a él, sé lo variables que ser mis gustos, en ocasiones, con apenas quince minutos de diferencia. Están los gangbangs japoneses, los thugs, muy poco bareback, mi extraña fascinación por el cunnilingus, el porno de Peter Lee como bomba cultural. Y siempre la misma pauta: mis vistas a los favorite list de personas que ni conozco ni conoceré jamás, pero no en las que confío a la hora de encontrar inspiración para mis trabajos manuales. La primera novela de Elisa Victoria, Porn&Pains (Esto no es Berlín, 2013), es una de esas favorite list; un hall of fame, un artefacto pornográfico. Sí, ahora me siento menos solo. La soledad de la que hablo es aquella que te escupe la mirada de tu compañero de birras cuando te atreves a decir que el porno no es sólo porno, que son muchas otras cosas, y que la gente debería empezar a darse cuenta de eso. El porno …