Música
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Así vivimos el Granada Sound 2017

Un año más, el ciclo de festivales de verano se cerró con el Granada Sound. Un festival multitudinario -más de veinte mil asistentes diarios- que vuelve a situar a la ciudad nazarí en el lugar que le corresponde: como el epicentro de la música nacional.

La simbiosis perfecta que se da entre cultura musical y ciudad se demuestra con las numerosas actividades que se desarrollan de forma paralela al festival, en colaboración con el colectivo Granada Ciudad del Rock. Y es así que un día antes de que el festival abriera sus puertas ya pudimos disfrutar de algunos directos de altura, que incluso terminarían por convertirse en algunos de los mejores del fin de semana. Por un lado, La Habitación Roja en el templo Discos Bora Bora se dedicaron a rescatar algunas de sus joyas más escondidas para los fans más acérrimos. Por otra parte, Satélite Virginia en el Bar Soria derrocharon buen gusto a raudales con un acústico muy eléctrico, volviendo a dejar claro que son una de las bandas más interesantes de la ciudad.

El viernes 22 y con un sol abrasador, el festival daba comienzo en el recinto situado en el Cortijo del Conde. A pesar de las más que interesantes actuaciones de bandas como los locales Toulouse o Dinero, para la mayoría el festival empezaba de la mano de Iván Ferreiro. El gallego se encuentra en un gran momento, y junto con una banda de excelentes músicos (destacando como siempre el mítico Pablo Novoa) y un repertorio basado en sus grandes éxitos, dejó uno de los momentos del festival realizando una versión de Diecinueve unida a Turnedo.

Poco después arrancaba el concierto de unos veteranos del pop nacional: La Habitación Roja. Cuentan con un repertorio difícil de igualar, y cuando se suben al escenario no titubean a la hora de sacarlo. Clásicos como La segunda oportunidad o Febrero se mezclaron con temas más recientes como La moneda en el aire o Volverás a brillar. Lastima que el mal sonido impidiera entrar de lleno en el concierto.

Se acercaba la hora clave para muchos. En prime-time, Lori Meyers no perdían, sino que tomaban el control del festival. La banda de Loja arrancaba su actuación con Vértigo I, aunque no tardarían en entrar a matar con toda la artillería pesada. Cuentan con un repertorio idóneo para contentar a la masa festivalera, y así se fueron sucediendo Planilandia, Luces de neón, Siempre brilla el sol o Alta fidelidad. Si bien pudieron pecar de ir con el piloto automático y dar un concierto algo plano, fue especialmente destacable el espectáculo audiovisual que acompañó a los granadinos durante todo el concierto. Algo que no se estila entre las bandas nacionales y que estuvo a la altura de grandes bandas internacionales. Bien por ellos.

Un artista que no es internacional pero sin duda tiene hechuras de ello es el mallorquín L.A. Su estilo escorado hacia el rock americano de estadios, melódico por momentos, funciona sin fisuras en directo, respaldado por una banda de músicos solventes. Su público responde tanto a temas recientes como a los clásicos de su carrera, aunque inevitablemente los momentos más emotivos se concentran en temas como Stop the clocks o Microphones and Medicines. Por otra parte, Sidonie demostraron que no son el peor grupo del mundo. Fue indudablemente uno de los conciertos más multitudinarios del festival, y si bien se dejaron temas en el tintero que a buen seguro muchos echaron de menos, dieron un concierto en el que no hubo momentos de bajona e incluso se permitieron ciertas licencias psicodélicas con temas como El bosque.

El sábado 23, a la hora de la merienda, Arco nos presentaba los temas de su primer trabajo en solitario. Es de agradecer la programación de artistas que se salgan de la línea editorial del festival: se evita el olor a chamusquina que pueden acarrear ciertos grupos y se amplía el horizonte musical del asistente menos inquieto. A pesar del a priori mal horario, el público no falló a la cita y su concierto se convirtió en un prado de alegría y buen rollo.

Viva Suecia  vinieron, vieron y vencieron. Sin duda una de las bandas triunfadoras del festival: a pesar del difícil horario, pocos artistas congregaron tanto público como estos murcianos. Su ascenso ha sido meteórico pero absolutamente merecido. Lo tienen todo: un puñado de buenas canciones,  un gran directo y pasión en todo lo que hacen. Han conseguido algo muy difícil: reunir un público fiel, que llega a tapar la voz de Rafa Val en temas como Los años o A dónde ir.

Y, al fin, pasadas las nueve de la noche, la misa planetaria. Los Planetas ofrecieron un concierto en el que no intentaron convencer a nadie. Salieron al escenario con la sobriedad visual que les caracteriza y las pantallas apagadas. Como inicio, Los Poetas, para reafirmar que no iban a ponerlo fácil. Y es que, aunque a algunos les pese, ahí reside una de las grandezas de la banda granadina. Durante la primera media hora predominaron los cortes de flamencodelia, los cuales ciertamente no encajaron en este festival. Tuvieron que llegar los grandes éxitos Corrientes circulares en el tiempo, Segundo premio, Un buen día para que parte del público saliera del letargo y se uniera al karaoke colectivo. Se guardaron para el final Islamabad, el mejor as en la manga. Y resulta curioso escuchar a tanto guardián de las buenas costumbres del pop corear a viva voz los ásperos versos de Yung Beef. El concierto comenzó con Jota haciendo alusión al “Señor de Oriente y de Occidente: el amo único” y terminó con un “El hombre llama Dios a todo lo que no conoce”. Ahí reside, de nuevo,  la grandeza de Los Planetas.

Los sevillanos Maga tuvieron que lidiar con una hora difícil. Sin embargo, supieron luchar contra la adversidad y con un directo sólido, un bajo por parte de Javi Vega siempre sobresaliente y un par de colaboraciones (la voz de Full en Silencio y la de la omnipresente Anni B Sweet en Por las tardes en el frío de las tiendas) consiguieron dar un concierto más que respetable. Dorian, por su parte, aportaron el concierto del día para contentar a la turba: electropop fácil y bailable materializado en una colección temas que son fijos en las listas de indie nacional.

Más interesante era lo que asomaba a continuación: la rabia desatada y el descaro de Sexy Zebras en el escenario Underwood que se solapaba con la elegancia de WAS en uno de los principales. Dada la hora, los vascos consiguieron convertir el recinto del festival en toda una pista de baile, de la misma forma que lo hicieron los noruegos Kakkmaddafakka, aunque estos lo hicieron de una forma mucho más descarada y festiva. Llegando las últimas horas de la noche, la mejor forma de cerrar el festival venía de la mano de un clásico: Don Gonzalo.

Dos jornadas de música de la mano de un festival completamente asentado: así lo demuestran los más de veinte mil asistentes diarios. El recinto escogido por segundo año consecutivo es más que acertado, pero aún faltan detalles por pulir para tener un festival de primera en la ciudad. En las horas fuertes de ambas jornadas se hizo latente la escasez de personal, tanto en los accesos como en las barras. Por otra parte, viviendo en la era digital, es difícilmente justificable la falta de cobertura en el recinto ambos días. Por último, es necesaria más presencia internacional en el cartel, tanto para dar un salto de calidad como para evitar la sobreexposición de ciertas bandas en el cartel año tras año.

Ya se ha confirmado la fecha en la que se celebrará la séptima edición del festival: 21 y 22 de septiembre de 2018. ¡Confirmamos nuestra asistencia!

Texto de Juan C. Salar y fotografías de Laura Martin para HYPEYOU.TV