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5 cosas absurdas que llevabas en el estuche

Sólo tú sabes las maravillas que escondía tu estuche en tus días mozos, aquellos en los que lo único que te importaba era aprobar el examen de mates y que el chico que te gustaba te hiciera caso de una vez y para siempre. Hemos hecho un poco de research y hemos reunido los cinco objetos que, a nuestro parecer, lo único que conseguían era aumentar el peso de nuestra mochila porque, admitámoslo, NO NOS SIRVIERON PARA NADA.

Taladradora de papel de un solo agujero

La mente maravillosa que invento esto debió levantarse con el pie izquierdo aquel día. Si eres de lo afortunados que utilizaban carpesano (sic) entenderás que, en nuestra opinión, la taladradora de un solo agujero sólo nos complicaba la vida. Conseguir dos agujeros simétricos que encajaran a la percepción con esas dos garras capaces de arrancarte un dedo si se lo proponían era toda una misión imposible. Confiésalo: siempre acababas por pedirle al profe su genial e increíble taladradora de DOS agujeros.

Bolígrafo color verde

Entendemos que llevaras un bolígrafo de color azul, porque todos sabemos la de tinta que habrás hecho correr entre apuntes, notitas a los compis de pupitre y exámenes. Entendemos también la presencia del boli negro, porque a veces era necesario crear contrastes. El color rojo…en fin, si te las querías dar de profe o llegaba ese momento en el que se te invitaba a auto-corregirte y vencías las ganas de hacer trampas. Pero, por favor, cuenta las veces que has utilizado el bolígrafo de color verde en todos tus años escolarizado. ¿Nos entiendes ahora?

Goma para borrar el boli

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Londres, París…MILÁN. La primera goma que decía borrar el boli era un festín para los sentidos gracias a sus dos texturas: una más suave y otra más áspera, que prometían acabar con la tinta de tu bolígrafo de imitación BIC. ¡Error! Lo único que conseguía la dichosa mitad para borrar el boli era joderte el papel. Le debemos gran parte de nuestra infancia en las aulas a las gomas Milán, pero esto…esto no, damas y caballeros.

Tipex adhesivo

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El tipex era fantástico, ¿verdad? Su manera de aplicación cual esteticién de la ortografía, su olor tan característico, la innovación de la bolita que hacía ruido cuando lo movías… ¿Necesitábamos el tipex adhesivo? Absolutamente no. Se perdió aquel momento tan seductor de soplar al papel, el ruidito de la bolita al moverlo y, sobre todo, la cualidad que le describía, es decir, adhesivo, brillaba por su ausencia, así que la respuesta correcta casi siempre acababa en el suelo.

Celo

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A nosotros el celo nos ha salvado la vida muchas veces…pero no en nuestros días de instituto. Con tal de encontrarle alguna utilidad, siempre acaba en el pelo de aquel compañero que no nos caía demasiado bien, o quizá le otorgábamos cualidades terapéuticas al pegar un trozo en tu mano para después, poco a poco, despegarlo y sentir ese gustirrinín tan peculiar —todos sabemos que lo que duele de verdad es el esparadrapo.

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